domingo, febrero 05, 2006

El papel regulador de la palabra y su perturbación en los estados patológicos del cerebro. (IV)

Cerca de cumplirse los 2 años, aproximadamente entre los 20 y 24 meses de edad, el papel orientador de la imagen visual para dirigir, y organizar una conducta elemental, de elección entre dos alternativas posibles, se ha consolidado, superando con éxito la inercia de las relaciones motoras, incluso cuando se introduce una pausa que retrasa el momento de inicio del acto motor, que retrasa el momento de impulsión.

En las siguientes pruebas se sutituyen las señales inmediatas visuales por señales verbales.

Todas las pruebas que estamos presentando tienen la estructura típica de un problema, en donde hay un enunciado, la forma en que actúa el experimentador delante del niño suministrando así una serie de datos, y una serie de operaciones intermedias de las que se sirve el niño, operaciones que pueden transcurrir de modo que conduzcan a la solución correcta, encontrar la moneda, o que puedan entrar en conflicto con las condiciones externas, con las características del enunciado, o con las condiciones internas del niño, haciendo que el niño ejecute unas operaciones indebidas, aún conservando claramente el sentido de sus acciones, buscar la moneda bajo sólo uno de los dos objetos, o bien que el niño desista o pierda el sentido de su acción, actuando de modo no selectivo. También existe, claro está, la incógnita que hay que resolver, que en este caso consiste en hallar la moneda.

Si en las pruebas anteriores, el niño ha visto dónde se escondía la moneda, ahora la moneda se esconde sin que el niño la vea y se trata de dirigir su conducta sólo con instrucciones verbales. Esas instrucciones verbales se emiten con la misma entonación, de modo que no ayudamos al niño mediante ninguna advertencia simbolizada por una inflexión de voz marcadamente distinta que alerte al niño, y lo ayude a encontrar las diferencias de significado entre dos instrucciones verbales de similar estructura sintáctica, en donde el peso del cambio de significado reposa en pocos elementos léxicos, en el cambio o adición de algunas palabras.

Si se comparan los distintos efectos de orientación o de regulación del comportamiento mediante las señales visuales expuestas en la entrada anterior de este blog, ( III ) , con los de las señales verbales, que se exponen a continuación, se observa el retraso de la formación del papel regulador de la palabra con respecto a las señales visuales.
A los dos años los estereotipos motores no son ya capaces de desvirtuar el papel orientador de la señal visual, mientras que a los dos años los estereotipos motores o las pausas en el cumplimiento de la instrucción verbal pueden aún prevalecer sobre la palabra, en situación de conflicto.
Pruebas.

Edad: 1 año 4 meses – 1 año 6 meses.
Prueba 6.

Se procede de igual modo que antes, colocándole delante, la taza y el vaso. Colocamos la moneda bajo la taza, sin que el niño lo vea. Le decimos al niño: “ La moneda está bajo la taza...¡ encuentra la moneda ! ”. No siempre los niños de esta edad se dirigen hacia la taza, sino que puede suceder que abandonen la tarea y comience a coger ambos objetos.

Edad: 1 año 4 meses – 1 año 6 meses.
Prueba 7.

Si se repite el experimento con pausa de 10 segundos para el cumplimiento de la acción casi todos los niños son incapaces de dirigirse hacia la taza.

Edad: 1 año 4 meses – 1 año 6 meses.
Prueba 8.

Volvemos a hacer la prueba, sin incluir pausas, pero ahora repetimos varias veces la instrucción verbal, para consolidar la reacción necesaria. “ La moneda está bajo la taza...
¡ encuentra la moneda ! ”. Le repetimos 3 o 4 veces la instrucción verbal. Ahora, estos niños eran capaces de cumplir de modo organizado la tarea. La repetición de la instrucción verbal permitía que la palabra adquiriera una función reguladora.

Edad: 1 año 4 meses – 1 año 6 meses.
Prueba 9.

Para el caso de los niños que superan la prueba anterior, Prueba 8, le cambiamos el contenido de la instrucción, sin cambiar de entonación: “ Ahora la moneda está bajo el vaso...¡ encuentra la moneda ¡ ”. En este caso sólo algunos niños cambian la orientación de su movimiento. Mayoritariamente se dirigen hacia la taza.

Edad: 1 año 4 meses – 1 año 6 meses.
Prueba 10.

Si además, se introduce una pausa de 10 segundos en el cumplimiento de la tarea, ningún niño subordinaba su acción a la nueva instrucción verbal, y continuaban realizando el acto motor consolidado por la experiencia, dirigiéndose hacia la taza.

Edad: 1 año 8 meses – 2 años.
Prueba 11.

Estos niños realizan las dos tareas, subordinar su acción a cada una de las instrucciones verbales. Si se le da la instrucción de que la moneda está bajo la taza, y que la encuentre, se dirigirá hacia la taza; si se le da la instrucción de que la moneda está bajo el vaso, y que la encuentre, se dirigirá hacia el vaso. Pero sólo si se la ejecutan inmediatamente.

Edad: 1 año 8 meses – 2 años.
Prueba 12.

Si introducimos una pausa de 10 segundos en el cumplimiento de la instrucción del ejercicio anterior, Prueba 11, el papel orientativo, directivo, de la instrucción verbal no daba el resultado esperado, lo que demuestra la insuficiente consolidación del papel regulador de la palabra sobre la conducta del niño.

Edad: 1 año 8 meses – 2 años.
Prueba 13.

Ahora se repite tres veces la experiencia con la instrucción “ La moneda está bajo la taza...¡ encuentra la moneda ¡ ”, y el paso a la otra instrucción: “ La moneda está bajo el vaso...¡ encuentra la moneda ¡” conduce al hecho de que la instrucción verbal pierde su papel orientativo. El niño continúa realizando de modo inerte la acción habitual. El estereotipo cinestésico elaborado anteriormente supera en estos casos el efecto todavía insuficientemente consolidado de la palabra.

Con esta serie terminamos esta escala de actos elementales y la cronología del desarrollo del papel regulador que las señales visuales y verbales mantienen sobre la conducta del niño para este tipo de actos.
Una persona cualificada puede repetir estas pruebas y hacer las oportunas observaciones para comprender la conducta del niño bajo la perspectiva expuesta, reiterada, de utilizar como unidad fundamental para comprender diversas patologías, mediante la relación que existe entre distintas unidades funcionales, y en particular la relación entre la palabra y la acción.