martes, abril 04, 2006

La Teoría de la Mente y la sandía de las doctoras K. Onishi , y R. Baillargeon.

  • Es necesario abordar la crítica a la llamada Teoría de la Mente y a la creencia de que existe un grupo reducido de células del encéfalo humano responsable de "la facultad de comprender o interpretar las intenciones, creencias o pensamientos de otros sujetos", y que los niños con diagnóstico de autismo carecen o tienen graves lesiones en la zona del encéfalo responsable directa de tan fantástica facultad, que bien pudiéramos agrupar entre otros "atributos" ingénicos como los propuestos a principios del siglo XIX por F. A . Gall, entre los que a juicio suyo, figuraban atributos tales como "el espíritu de ahorro", "la honestidad", "el respeto a los mayores" y "el amor a los niños".
  • El siguiente es un fragmento de un Curso que se ofrece en España este año de 2006, para profesionales de la psicología, la logopedía y la educación especial, y podemos leer lo siguiente:
  • PROGRAMA Sábado 21 de Enero. Introducción a la Teoría de la Mente. El mecanismo de la TM es una parte de la arquitectura central del cerebro humano que está especializada en comprender los pensamientos y sentimientos de los otros.
  • Como puede verse las erróneas teorías de la Teoría de la Mente están muy extendidas.
  • Simon Baron-Cohen, Utha Frith y otros autores, mantenedores de que la ausencia de esta Teoría de la Mente es la causa que da lugar a los comportamientos autistas que se expresan en la tríada de Lorna Wing y que a través de la distribución universal del DSM IV , que recoge los elementos de la tríada como base diagnóstica, hacen un daño incalculable al progreso de la psicología científica basada en evidencias.
  • En España, la obra de Utha Frith fue ampliamente difundida a través de Ángel Riviére, y aunque este eminente psicólogo fue encontrando los puntos débiles de esta Teoría de la Mente, esta doctrina ha arraigado fuertemente. Autores como Mercedes Belinchón y otros, que han encontrado mediante estudios estadísticos que el análisis y evaluación de ciertos factores, como la memoria mecánica y el lenguaje sirven para mejor criterio diagnóstico, no acaban de ser consecuentes con los resultados de sus propias investigaciones, quizás porque sea difícil nadar contracorriente de esta enorme marea mentalista.
  • A medida que determinados niños diagnosticados como autistas son capaces de resolver ciertas Tareas de la Teoría de la Mente, como por ejemplo, saber lo que piensa otro sujeto deduciéndolo de su actividad o comportamiento, se arguye que es porque son tareas mentalistas de primer orden, pero que no pueden resolver otras tareas, tales como averiguar qué es lo que piensa un sujeto de otro sujeto.
  • Y así aplicando la función universal recursiva del lenguaje, disfrazada mediante la cláusula de relativo "qué piensa x de y" , se pueden montar escenarios visuales donde la recursividad del lenguaje oral se sustituye por la mirada orientada de uno a otro individuo. Un niño juega a las canicas en el patio, otro niño mira al primero para darle un pelotazo, el profesor mira la escena que contiene a ambos para llamar la atención al pelotari, la madre del niño de la pelota los mira desde la reja de la escuela para regañar al profesor si trata de coartar la libertad de su niño del alma, el policía municipal, yerno de la señora, observa la escena completa mientras para el tráfico, un extraterrestre los mira a todos, etc. Y pueden asignarse subíndices, teóricamente de modo ilimitado, a las tareas mentalistas que serán de primer orden , de segundo orden, de tercer orden, hasta llegar al orden quincuagésimo o sea al mismísmo Maquiavelo, que por cierto tenía una prosa envidiable.
  • Hay sin duda una progresión en los sujetos normales, para comprender los chistes, y habrá una escala de dificultad que podrá depender de la clase o tipo de chiste; otro tanto ocurrirá con la comprensión de diferentes formas gramaticales o figuras literarias, y en el dominio de las operaciones aritméticas, pero dar por supuesto que el núcleo que origina el retraso de los sujetos autistas fundamentalmente es un déficit de la Teoría de la Mente, es mucho suponer. Al tomar categoría de verdad esta Teoría de la Mente, es a través de ella como se juzgan o interpretan los hechos y con ello se convierte en un importante impedimento para el progreso de la ciencia. La causa del error de las doctoras Onishi y Baillargeon en la interpretación de su experimento con 56 niños de 15 meses de edad, es precisamente el señalado. Éste es un resumen del fantástico descubrimiento que luego criticaremos:
  • " Ciertas habilidades cognitivas surgen antes de lo que se creía
  • Según un estudio de Science, la llamada "teoría de la mente" aparece a los 15 meses. Hasta ahora se pensaba que estaba presente sólo a partir de los 4 años. Según los investigadores, estos resultados tienen implicaciones dentro del tratamiento del autismo..
  • Durante más de veinte años, los psicólogos han argumentado que los niños más pequeños son incapaces de comprender estados mentales de otras personas, como las creencias, las percepciones o los objetivos, y que esa capacidad sólo aflora alrededor del quinto año de vida.
  • Ahora, un reciente estudio publicado en la revista Science plantea que ya a los 15 meses de vida un niño es capaz de comprender esos estados mentales que se encuentran detrás del comportamiento de las personas.
  • (Science 8 April 2005:Vol. 308. no. 5719, pp. 255 - 258DOI: 10.1126/science.1107621)
  • De ser así, la capacidad para formular la llamada "teoría de la mente" sería algo innato, cuyo primer desarrollo no estaría vinculado con el lenguaje.
  • "Nuestros hallazgos tienen potenciales implicaciones en el desarrollo atípico —escribieron las autoras del estudio, las doctoras Kristine Onishi y Renée Baillargeon—. Los chicos autistas generalmente fallan en las tareas relacionadas con [la capacidad de tomar en cuenta] las falsas creencias, y se los describe como carentes de una teoría de la mente."
  • Onishi y Baillargeon, psicólogas de la Universidad McGill de Canadá y de la Universidad de Illinois de Estados Unidos, respectivamente, llegaron a esas conclusiones tras realizar experimentos con 56 niños de 15 meses de edad, en los que se ponía a prueba su capacidad para tomar en cuenta las representaciones que guiaban las conductas de actores.
  • Una sandía escurridiza
  • "En el experimento, a los chicos se les mostró repetidas veces cómo un actor ponía una tajada de sandía de juguete en una caja amarilla o verde", escribieron los psicólogos Josef Perner y Ted Ruffman, en un comentario del estudio publicado en Science. Luego, mientras el actor se ausentaba, los juguetes eran cambiados de caja. "Onishi y Baillargeon hallaron que los chicos esperaban que el actor buscara los juguetes de acuerdo con donde creía que estaba y no donde realmente estaba", señalaron Perner y Ruffman.
  • De alguna forma, los chicos habían captado las creencias falsas sobre la ubicación de los juguetes.Según estos especialistas, los resultados de los experimentos resultan en la confrontación de dos teorías contrapuestas:
  • "Si la comprensión de las creencias falsas aparece a los 4 años de edad, entonces esta habilidad es construida en un proceso cultural ligado a la adquisición del lenguaje. En contraste, que esta competencia aparezca a los 15 meses de vida sugiere que esta habilidad es parte de una herencia puramente biológica."
  • Hasta aquí el resumen.
  • Es sumamente difícil diseñar un experimento científico que pruebe precisamente lo que se trata de probar. Peor, aún, si interpretamos erróneamente lo que sucede ante nuestros propios ojos durante el experimento, sirviéndonos, para esa interpretación, de la propia Teoría aún no probada. Esto es lo que les ha ocurrido a estas doctoras con el sainete del niño, del actor y de la sandía. Veamos cómo una serie de sucesos son intepretados por estas autoras:
  • Experimento:
  • Un niño de 15 meses de edad sentado en el regazo de su padre (del niño, no del actor) , está situado frente a una mesa donde hay dos cajas, una amarilla y otra verde. A su lado un actor, Antonio, juega con una tajada de sandía( de plástico, suponemos) . Antonio juega guardando y sacando la sandía de la caja verde. Luego Antonio se marcha. Y la tajada de sandía que estaba en la caja verde, a la vista del niño, es trasladada (por otro adulto) a la caja amarilla. El niño ha visto el cambio, pero Antonio no. El niño sabe dónde está ahora la sandía (en la caja amarilla) y sabe que Antonio, que no ha visto el cambiazo, cuando vuelva, deberá buscar la sandía en la caja verde. Antonio vuelve pero se dirige a la caja amarilla. El niño pone cara de sorpresa cuando Antonio saca la sandía de la caja amarilla, porque al niño le causa sorpresa que haya encontrado la sandía, a pesar de que no tenía ni podía saber que estaba allí, puesto que el niño sabe que Antonio no vio el cambio.
  • Interpretación mentalista de las doctoras:
  • El niño de 15 meses de edad tiene ya Teoría de la Mente. La prueba es la expresión de sorpresa de la mirada del niño. El niño se sorprende de que Antonio abra la caja amarilla, porque el niño esperaba que Antonio abriera la caja verde, que es donde la dejó antes de marcharse.
  • Sin embargo, y de hecho es lo que ocurre, la sorpresa del niño tiene otra causa bien distinta. Esto es algo que pueden verificar estas doctoras repitiendo el experimento.
  • El error final, atribuir a un niño de 15 meses una Teoría de la Mente, apoyándose en este experimento, consta de algún error intermedio que vamos a tratar de destacar.
  • * El principal error es considerar que el niño sabe que la tajada de sandía está en la caja amarilla por el mero hecho de ver que se ha guardado alli.
  • Hemos dicho en otro lugar de este blog, (El papel regulador de la palabra y su perturbación en los estados patológicos del cerebro. (III) ) , que un niño de 15 meses situado frente a dos cajas, o una taza y una copa, ve cómo guardamos una moneda bajo la taza, y a continuación le decimos que la busque, y el niño realiza el acto motor de dirigirse a la taza y encontrar la moneda, y este acto motor se repite 3 o 4 veces, y luego, inmediatamente y a la vista del niño, guardamos la moneda bajo la copa y dejamos pasar 10 segundos, y le pedimos al niño que encuentre la moneda, el niño se dirigirá de nuevo hacia la taza porque la huella motora de su acción reiterada, prevalece sobre la huella de su memoria visual, al retrasar el inicio de su acción de búsqueda. De modo, que lo que el niño cree realmente es que la moneda está ciertamente bajo la taza, aunque nosotros sepamos que no. La reacción del niño será de sorpresa. Para la mente de este niño, misteriosamente, la moneda no está donde debería estar. Para este niño, la operación realizada ante su propia vista de guardar la moneda bajo la copa, ya se ha borrado completamente de su conciencia, y por lo tanto, la moneda no debería estar bajo la copa.
  • Una vez recordado este experimento podemos pasar a dar otra interpretación al gesto de sorpresa del niño en el sainete de la sandía de las autoras del estudio, las doctoras Kristine Onishi y Renée Baillargeon. Si en el experimento de las doctoras de las universidades de McGill y de Illinois, el actor ha guardado varias veces la tajada en la caja verde y el niño ha buscado y encontrado la tajada varias veces en la caja verde, y cuando se está marchando el actor, otra persona, a la vista del niño, cambia la tajada a la caja amarilla, y el actor vuelve en un plazo superior a 10 segundos, lo que el niño cree ahora, después de ese lapso de tiempo, por lo dicho antes *, es que la tajada de sandía estará en la caja verde. Así que si el actor abre la caja amarilla y el niño ve la tajada de sandía, el niño se sorprenderá al detectar un error que surge al no coincidir el estímulo detectado, la sandía en la caja amarilla, con el modelo neural memorizado y predominante, que en este caso consiste en la memoria e inercia de las huellas motoras previas orientadas a buscar y encontrar la tajada en la caja verde. Téngase en cuenta, además, que en las acciones de búsqueda, en los programas motores orientados a encontrar la sandía en la caja verde, también se ha ejecutado con el concurso del control visual, por lo que las huellas visuales orientadas hacia la caja verde también serán más profundas.
  • Vemos, pues, que hay otro modo de explicar la expresión de sorpresa del niño sin necesidad de recurrir a la existencia de la Teoría de la Mente, es decir, sin necesidad de suponer que un niño de 15 meses se sorprende, porque una conducta de un sujeto adulto en una tarea de elección entre dos alternativas, no es congruente con los datos contenidos en la conciencia del sujeto, datos que el niño supuestamente conoce mediante una inferencia bastante compleja: yo sé que Antonio cree que la sandía está en la caja verde, porque yo he visto que Antonio la vió alli dentro, antes de marcharse, y, por lo tanto, es imposible que piense que está en otro lado, porque también sé que él no ha visto como otro adulto la ha cambiado de lugar.
  • Este tipo de sainete mentalista es ya todo un género teatral entre cuyas obras destaca la historia de Sally y Anne. Pero el análisis de esta obra lo dejamos para el próximo artículo.