martes, julio 07, 2009

Sobre la ecolalia I

Pájaro lira
La palabra ecolalia (el término usado en países de habla inglesa es echolalia) se deriva del griego ἠχώ que significa eco o repetir, y λαλιά (laliá) que significa balbuceo, hablar sin sentido (de origen onomatopéyico a partir del verbo λαλέω (laléo) que significa hablar.
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El eco
El eco es un fenómeno relacionado con la reflexión del sonido. La señal acústica original se ha extinguido, pero aún devuelve sonido en forma de onda reflejada. Se produce eco cuando la onda sonora se refleja perpendicularmente en una pared. Para que se produzca eco, la superficie reflectante debe estar separada del foco sonoro una determinada distancia: 17 m para sonidos musicales y 11,34 m para sonidos secos (palabra), lo que se debe a la persistencia acústica.
El oído puede distinguir separadamente sensaciones que estén por encima del tiempo de persistencia acústica, que es 0,1 s para sonidos musicales y 0,07 s para sonidos secos (palabra). Por tanto, si el oído capta un sonido directo y, después de los tiempos de persistencia especificados, capta el sonido reflejado, se apreciará el efecto del eco.
Como curiosidad, pese a que se dice que el graznido de los patos no tiene eco, se ha demostrado que si lo tiene. A su vez, por la frecuencia del aullido del lobo, este no lo produce.[1]
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Eco en la mitología griega

Quizás los griegos trataron de explicar este fenómeno, no sólo el físico, pues el eco es algo que descubren los niños pronto, y quién no ha jugado, cuando el momento y el lugar son adecuados, a experimentar el fenómeno del eco. Sin duda los griegos debieron observar personas que repetían las palabras y frases de los demás de modo involuntario. Debieron darle suficiente importancia a este fenómeno, para recogerlo en sus mitos.

Eco (en griego antiguo Ηχώ Êkhố) es, en la mitología griega, una oréade (ninfa de la montaña) del monte Helicón, que amaba su propia voz. Fue criada por ninfas y educada por las Musas. Parece que hay dos versiones sobre la historia de Eco.

El mito de Eco y Narciso

La bella y joven Eco era una ninfa que de su boca salían las palabras más bellas jamás nombradas y las palabras ordinarias también se oían de forma mas placentera, esto molestaba a Hera, de forma que su marido, Zeus, pudiese cortejar a otras ninfas. Cuando Hera descubrió el engaño, castigó a la locuaz Eco quitándole la voz y obligándola a repetir lo que decían los demás. Incapaz de tomar la iniciativa en una conversación, limitada sólo a repetir las palabras ajenas, Eco se apartó del trato humano. Retirada en el campo, Eco se enamoró del hermoso pastor Narciso, hijo de la ninfa Liríope de Tespia y del dios-río Céfiso. Sin embargo, el vanidoso joven no tenía corazón, la consideró loca y la ignoró totalmente. Con el corazón roto, pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, suspirando por el amor que nunca conoció, debilitándose y adelgazando, hasta que sólo quedó su voz. Luego un muchacho que también se había enamorado de Eco oró a los dioses, pidiendo que éste sufriera un deseo no correspondido, como el que había hecho sufrir a otros. La oración fue respondida por Némesis, la que arruina a los soberbios, quien maldijo a Narciso a enamorarse de su propio reflejo. El joven terminó muriendo de desamor y bajó al Inframundo donde fue atormentado para siempre por su propio reflejo en el río Estigia.

El mito de Eco y Pan

Alternativamente, Eco era una ninfa que cantaba y bailaba muy bien y desdeñaba el amor de todos los hombres. Esto enfureció al lujurioso Pan, que ordenó a sus seguidores matarla. Eco fue descuartizada y esparcida por toda la Tierra. Gea recibió los trozos de Eco, cuya voz permanece repitiendo las últimas palabras de los demás. En algunas versiones, Eco y Pan tenían dos hijos, Yambe y Lince.

Hay diferencias entre las dos versiones. En la primera versión a Eco la castigaron a quitarle su propia voz y fue obligada a repetir lo que decían los demás. En la otra versión nos dicen que era incapaz de tomar la iniciativa en una conversación, limitada sólo a repetir las últimas palabras de los demás.

Esta distinción, entre repetir todas las palabras que decían los demás, o limitarse a repetir solo las últimas palabras, es una distinción que tiene vigencia, pues hay diversos desórdenes neurológicos donde se dan ambos tipos de repeticiones, al que habría que añadir un tercero en las que el sujeto repite las palabras propias o partes de ella, como sílabas, debido a fenómenos de inercia articulatoria cuyo origen está en el propio sujeto. La ecolalia aparece en determinada etapa del desarrollo de algunos niños con diagnóstico de autismo y diversos autores consideran que generalmente es una buena señal precursora del desarrollo del habla .

Repetición de sonidos ajenos en el reino animal

Por los fenómenos observables, parece que debemos convenir que esa capacidad de repetir voces o sonidos ajenos no es algo exclusivo de la especie humana.

Podemos ver lo que hace el extraordinario pájaro lira en el siguiente vídeo.




Más conocida es esa capacidad en los loros. Incluso verán aquí dos patrióticos loros venezolanos.




Parece que puede haber otros ecos, estos del más allá: