jueves, enero 26, 2006

Formación del control de la conducta por la palabra y perturbaciones en los estados patológicos del cerebro. (I)


1. La formación del papel regulador de la conducta mediante la palabra fue objeto de numerosas investigaciones por parte de A.R.Luria y otros autores soviéticos ( G.L. Rozengart, A.A.Liublinskaya, M.M.Koltsova y otros). A.R.Luria y su laboratorio de psicología se dedicaron durante más de un decenio al estudio de este problema.

En el presente artículo se dan una serie de resultados generales que permiten establecer una escala para comprobar el grado de desarrollo de la función reguladora de la palabra, función que aunque ligada a la función nominativa, de designación de los objetos, corresponden a dos funciones psicológicas distintas.

Los lectores cualificados pueden utilizar la escala para comprobar si existe una desviación notable del desarrollo de esta función reguladora en el niño que examinan reproduciendo las pruebas originales.

Las pruebas tratan de precisar aquellas variables que interfieren en el desarrollo y despliegue de esa función reguladora.

Como los niños en su desarrollo normal van consolidando el papel regulador de la palabra para dirigir una conducta determinada de carácter elemental, es preciso para etapas más avanzadas de desarrollo ir modificando la complejidad de la conducta a regular por medio de la palabra.

Así que la escala va determinando a qué edad puede un niño regular conductas, cada vez más complejas, por medio de la palabra.

En las etapas iniciales es la palabra del adulto, como instrucción la que inicia la acción del niño, de modo que puede decirse que es una conducta compartida, que se inicia en la instrucción del adulto y termina con la acción motora del niño.

En etapas más avanzadas, la instrucción del adulto, va dirigida a estimular al niño a que utilice su propia expresión, su propia palabra, para controlar su conducta, del niño. La instrucción del adulto suministra un miniprograma de carácter verbal, que el niño debe utilizar mediante el empleo activo del lenguaje propio.

Se detecta así el modo como los componentes no específicos de la palabra, de impulsión e inhibición, evolucionan, pues la palabra al ser emitida mediante un acto motor articulatorio, puede provocar por irradiación nerviosa, la activación de otras partes del cuerpo. La emisión de la palabra es una impulsión motora que puede hacerse coincidir perfectamente con otra impulsión motora de carácter no verbal. Más tarde, será el significado de la instrucción, el que pueda destruir la tendencia a que la emisión de la palabra constituya una unidad con otra acción de carácter no verbal. En determinadas edades para niños normales y en otras edades más avanzadas para niños con patologías, no llega a sobreparse este último umbral, y siempre la emisión verbal de la autoinstrucción del niño, aunque sea del tipo “No hacer tal o cual cosa”, lejos de impedir que el niño reaccione dejando de hacer lo que él mismo acaba de prohibirse, lo impulsa a ello. El significado de la instrucción sólo prevalece si hay una completa coincidencia en la enervación simultánea verbal y motora; pero en cuanto el componente impulsivo que siempre acompaña a la emisión de una autoinstrucción, entra en conflicto con el significado de la autoinstrucción, prevalece aquél.

Desarrollando la escala, que va haciendo más complejas las instrucciones verbales, y más complejas las conductas a regular, van apareciendo nuevas formas de inercia, de conductas previas, motoras o verbales, o de programas y planes anteriores, que interfieren y dificultan la ejecución de programas futuros, o de las dificultades que surgen cuando entre la instrucción y la conducta aumenta el tiempo que las media, o cuando además, se introducen conductas que pueden interferir en mayor o menor grado la unidad que se pretende, de acomodar la acción a la instrucción verbal, haciendo intervenir así a la memoria no inmediata, o a la atención, y de ese modo se va extendiendo la posibilidad de estudiar comportamientos mediados verbalmente bajo condiciones cada vez más complejas, lo que a su vez representa el desarrollo de métodos cada vez más sensibles para el estudio de la conducta humana, de las funciones psicológicas superiores y de las patologías asociadas.

2. Si la escala permite comprobar si existen, o no, desviaciones notables en el desarrollo de la función reguladora de la conducta por medio de la palabra, las pruebas pueden utilizarse como instrumentos de rehabilitación, modulando los procesos e interferencias que se opongan al desarrollo de la función reguladora, o actuando sobre la estructura de la instrucción verbal o de la conducta inspirada. Sea cual sea el desvío del niño de la norma, una vez determinado su nivel de desarrollo de la función reguladora, conocemos la naturaleza del hito siguiente, que nos brinda la escala, y podemos por tanto orientar de modo concreto la rehabilitación hacia el siguiente objetivo.